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DEMÓSTENES |
LA PAZ BAJO EL NUEVO PARADIGMA |
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Material aportado por Nelson Guizzo Colaboración de Carlos Enrique Saucedo Álvarez Guadalajara, Jalisco México
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DEMÓSTENES
Demóstenes (c. 385-322 a.C.), político ateniense, el orador más grande de la antigua Grecia, dirigió la oposición de Atenas frente a Macedonia. Nació en el demo de Paeonia, cerca de Atenas. Su padre murió cuando era un niño de siete años. El joven Demóstenes soñaba con ser un gran orador, sin embargo este propósito parecía una locura desde todo punto de vista. Su trabajo era humilde, y de extenuantes horas a la intemperie. No tenía el dinero para pagar a sus maestros, ni ningún tipo de conocimientos. Además tenía otra gran limitación: Era tartamudo. Demóstenes sabía que la persistencia y la tenacidad hacen milagros y, cultivando estas virtudes, pudo asistir a los discursos de los oradores y filósofos más prominentes de la época. Hasta tuvo la oportunidad de ver al mismísimo Platón exponer sus teorías. Ansioso por empezar, no perdió tiempo en preparar su primer discurso. Su entusiasmo duro poco: La presentación fue un desastre. A la tercera frase fue interrumpido por los gritos de protesta de la audiencia: - ¿Para qué nos repite diez veces la misma frase? -dijo un hombre seguido de las carcajadas del público. - ¡Hable más alto! -exclamó otro-. No se escucha, ¡ponga el aire en sus pulmones y no en su cerebro! Las burlas acentuaron el nerviosismo y el tartamudeo de Demóstenes, quien se retiró entre los abucheos sin siquiera terminar su discurso. Cualquier otra persona hubiera olvidado sus sueños para siempre. Fueron muchos los que le aconsejaron -y muchos otros los que lo humillaron- para que desistiera de tan absurdo propósito. En vez de sentirse desanimado, Demóstenes tomaba esas afirmaciones como un desafió, como un juego que él quería ganar. Usaba la frustración para agrandarse, para llenarse de fuerza, para mirar más lejos. Sabía que los premios de la vida eran para quienes tenían la paciencia y persistencia de saber crecer. - Tengo que trabajar en mi estilo.- se decía a sí mismo. Así fue que se embarcó en la aventura de hacer todo lo necesario para superar las adversas circunstancias que lo rodeaban. Se afeitó la cabeza, para así resistir la tentación de salir a las calles. De este modo, día a día, se aislaba hasta el amanecer practicando. En los atardeceres corría por las playas, gritándole al sol con todas sus fuerzas, para así ejercitar sus pulmones. Más entrada la noche, se llenaba la boca con piedras y se ponía un cuchillo afilado entre los dientes para forzarse a hablar sin tartamudear. Al regresar a la casa se paraba durante horas frente a un espejo para mejorar su postura y sus gestos. Así pasaron meses y años, antes de que de que reapareciera de nuevo ante la asamblea defendiendo con éxito a un fabricante de lámparas, a quien sus ingratos hijos le querían arrebatar su patrimonio. En esta ocasión la seguridad, la elocuencia y la sabiduría de Demóstenes fue ovacionada por el público hasta el cansancio. Demóstenes fue posteriormente elegido como embajador de la ciudad. Su persistencia convirtió las piedras del camino en las rocas sobre las cuales levantó sus sueños. La fama de sus discursos continuó durante siglos, inspirando al orador romano Cicerón, entre otros, en sus discursos contra Marco Antonio después de la muerte de Julio César.
Político surafricano, premio Nobel de la Paz que durante más de 25 años fue el preso político más famoso del mundo y que, en abril de 1994, se convirtió en el primer presidente de raza negra de la República de Suráfrica (cargo que desempeñó hasta junio de 1999), al mismo tiempo que comenzaba a ser considerado unánimemente como una de las grandes personalidades del siglo XX.
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¿UN CAFECITO PARA EL ALMA? Por Nelson Guizzo |
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Un profesor, delante de sus alumnos de la clase de filosofía, sin decir
ni una palabra, cogió un bote grande de vidrio y procedió a
llenarlo con pelotas de golf.
El profesor volvió a preguntar de nuevo a los estudiantes si el bote estaba lleno, y ellos volvieron a contestar que sí.
Los estudiantes reían. Cuando la risa se fue apagando, el profesor les dijo: "Quiero que os fijéis que este bote representa la vida.
Las pelotas de golf son las cosas importantes como la familia, los hijos, la salud, los amigos, el amor, cosas que te apasionan. Son cosas que, aunque perdiéramos el resto y nada más nos quedasen éstas, nuestras vidas aún estarían llenas.
Los perdigones son las otras cosas que nos importan, como el trabajo, la casa, el coche..... La arena es el resto de las pequeñas cosas. Si primero pusiéramos la arena en el bote, no habría espacio para los perdigones, ni para las pelotas de golf. Lo mismo sucede con la vida.
Presten atención a las cosas que son cruciales para tu felicidad.
A
juegar con tus hijos, concédete tiempo para ir al médico, ve con
tu pareja a cenar, practica tu deporte o tu afición favorita.
Siempre habrá tiempo para limpiar la casa, para reparar la llave
del agua. El café es para demostrar que aunque tu vida te parezca llena, siempre hay un lugar para dos tazas de café con un amigo". Bendiciones para todos !!!
¡DETÉNTE!
¡Vive! Como si mi vida te perteneciera. ¡Ama! Como si mi mundo fuese tuyo. Permanece y detén el tiempo a mi lado. No esperes a que caiga la tarde y decante tu verdad sobre la mía.
.No vueles tan alto y aguarda que te siga. No vayas tan deprisa, que el tiempo de oro, aún no se termina. Quédate en mi alma, como si bebieras de ella el cáliz de tu existencia. Aguarda un instante eterno.
Duérmete conmigo, a pesar de la distancia. Besa el frío de mis labios, pues me haces falta. Perdura tu presencia donde aún no existo, y bésame el alma, cuando muere la tarde, y el viento se ha dormido.
Y cuando veas la luna sobre tu frente, mírala despacio, como si fuese a detenerse. No me obligues a correrte, ni a perseguir tus sueños. Déjame estarme a tu costado, sin el ansia, sin el miedo a perderte.
Abandona esta carrera loca, desenfrenada, por llegar a cualquier parte de cualquier modo. Aguárdame un instante, dame tiempo. El tiempo de dormirme en tu boca, con tu beso en mi frente.
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Si la paz es el camino, el perdón es cada paso
LA PAZ BAJO EL NUEVO PARADIGMA
Por Jorge Lomar Formador, facilitador y consultor, coordinador del Equipo para la Humanidad |
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La visión del nuevo paradigma conecta con algo muy profundo de nuestra esencia y de nuestra sabiduría perenne, tomando como punto de partida las hipótesis de la física cuántica.
En el lenguaje de este nuevo modo de pensar, la realidad en si misma no es tal como la vemos. La materia no existe como algo distinto del vacío, sino como un estado alterado de la misma energía, rendido al efecto del observador.
La física cuántica, y el nuevo paradigma que conlleva su comprensión, nos llevan a la verdad última: nada está separado de nada, todo es una unidad. Desde esta consciencia, sanar al mundo solo es posible sanándote a ti mismo.
Cuando no miramos, hay ondas que permiten infinitas posibilidades. Cuando miramos, las ondas se han convertido en partículas. Cuando hay partículas, el observador experimenta. Sin observador no hay realidad.
Este nuevo modo de comprender el mundo que cada vez obtiene corroboración en más ámbitos y que está, literalmente, modelando un sistema de pensamiento entre científicos, filósofos y teólogos, encaja directa y elegantemente con la sabiduría milenaria.
Este modo de concebir la realidad lo podemos encontrar, tanto en la física cuántica como en la psicología transpersonal, tanto en Un Curso de Milagros, como en la filosofía Ho'oponopono de las antiguas tribus de Hawaii.
Tanto en los modernos tratados espirituales como en las primeras escrituras orientales. Somos creadores. Ahora comenzamos a vislumbrar la "imagen y semejanza". Todo comienza con el pensamiento. El pensamiento nos hace percibir la realidad de un modo, y esa es la realidad que tenemos. Se trata de un ciclo constante de pensamiento y experiencia. Así como pensamos, percibimos la realidad. Tal como percibimos, creamos esquemas de pensamiento. Y vuelta a comenzar.
Desde que somos conscientes de ser creadores, surge la más profunda y abismal responsabilidad del ser humano. Ya no es tu responsabilidad individual, es decir, no hablamos de ser responsable de tus cosas, si no de ser responsable de todo lo que percibes. De aquello a lo que llamas cada día realidad. Entramos en el concepto de responsabilidad total.
¿Responsabilidad total?
Según el nuevo paradigma, cuando trabajamos en nosotros mismos estamos afectando al campo. El campo unificado es una red energética invisible que conecta el vacío y la materia. Relaciona todo lo que existe entre si y va más allá; pone en relación aquello que no existe con lo que existe.
Con cada pensamiento, palabra o acción, estamos alterando la energía que entreteje el vacío y la materia. Estamos produciendo variaciones en las ondas de infinitas posibilidades, encaminando la probabilidad conscientemente, induciendo una creación. Una creación compartida entre unidades de consciencia que reflejan y proyectan energía.
Los antiguos sacerdotes hawaianos tenían una misión relevante como sanadores psicoterapeutas y mediadores de la tribu. Cuando había conflictos y problemas entre compañeros, escuchaban individualmente cada relato. Su objetivo en la mediación de conflictos consiste, al igual que en algunas propuestas de la psicología moderna, en "cortar" los lazos energéticos que habían "enredado" a un ser con otro, de un modo tal que se había distorsionado la percepción equilibrada de unión. Al polarizarse el pensamiento, la mente proyecta miedo y separación [la esencia del conflicto].
La metodología es lo especial, en relación con el nuevo paradigma. El Ho'oponopono proclama una sencilla consigna: la sanación solo es posible sobre nosotros mismos. Centrarnos en nosotros mismos es lo más eficiente y rápido que podemos hacer, por una razón: no hay otra cosa que yo mismo.
Mi mente crea mi experiencia. No hay separación entre interior o exterior. En realidad, es como ver la misma película que se rueda dentro, proyectada en el exterior.
En efecto, el universo es mental. La sanación se realiza siempre sobre nosotros mismos porque no existe otra opción en el sistema de pensamiento de los kahunas, guardianes del conocimiento hawaiano.
El proceso que supone esta terapia iguala la posición del terapeuta y el paciente, del sanador y el enfermo, en perfecta conexión con las enseñanzas de Un Curso de Milagros, según las cuales, "la curación es el reconocimiento de la igualdad". Si está en tu percepción, está en ti.
Ambos, sanador y paciente, tienen que hacer un trabajo interior, ya que la responsabilidad de cada uno es total. El terapeuta es responsable de lo que percibe porque sabe que lo ha creado él. Por tanto, debe buscar en lo profundo de si mismo para llegar a sentir la simiente de lo que ha proyectado fuera, en el paciente que tiene frente a sí. En su proceso de meditación descubre en algún grado o en algún momento, el sentimiento o la creencia que ha creado la enfermedad en su semejante, es decir, en su propia percepción.
Las fallas o faltas que ha percibido fuera, y sobre todo, el simbolismo que esconde su toma de conciencia, le permite mirarse dentro con mayor agudeza y profundidad, y descubrir una falta de amor por si mismo de un tipo muy determinado.
En realidad, todo estuvo allí para este fin. Cuando llega a sentirlo, genera compasión, aceptación y amor, y se dice a si mismo "lo siento y te amo". El paciente realiza el mismo proceso con respecto a su percepción. Se lanza a la misma búsqueda interior, pero con su particular viaje simbólico, con su código experiencial personal. Finalmente se restaura el equilibrio, el Aloha –cuyo significado es respeto-, sanándose la herida, ya sea física, mental, emocional o social. El proceso es válido en toda circunstancia, funciona holísticamente ya que trabaja directamente sobre el campo unificado. No hay límite para el tiempo que puede durar, ya que tan solo depende del observador implicado y su entrega al proceso.
En palabras de la moderna física cuántica, cada uno de los enfermos que trata un terapeuta es una experiencia perceptual del observador, y está ahí delante para indicarle qué parte de si mismo debe sanar. La realidad que percibe el observador es una puerta a su inconsciente personal y colectivo, proyectado en su experiencia vital. Solo falta la voluntad y el trabajo de buscar la verdad, y después desprender luz y amor. Cada profunda comprensión, cada impulso de amor en favor de la aceptación plena de si mismo, cada integración de una parte desdeñada de nosotros, cada acto de perdón, es un quantum: un paso cuantitativo hacia la sanación total del mundo, que en definitiva es mi mente, soy yo mismo.
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